Hoja de servicios del grandísimo mecánico y buen piloto neozelandés
No fue muy abultada:
4 victorias
190.5 puntos
3 vueltas + rápidas
201 Km en la punta
Subcampeón en 1960 y terceros lugares respectivamente en 1962 y 1969
En cambio, el equipo que él fundó, sí que tiene algo importante qué decir.
Era un tipo de los que difícilmente se encuentran ahora:
Bruce Leslie McLaren (Auckland. 30 de agosto de 1937 - 2 de junio de 1970 en el circuito de Goodwood, Inglaterra)
Un hombre verdaderamente multipropósito ¿no deberíamos de ser así todos?
El asunto es que él, fue un buen piloto de coches de carreras; pero más que nada, un mecánico de enorme sensibilidad.
Sus creaciones eran del color de las naranjas y llevaban como signo de distinción un kiwi, el pájaro de aquellas tierras -lo mismo en sus autos de Fórmula Uno que en las barquetas o coches Can Am como se les clasificaba por entonces-.
Con sus inventos y sus gestiones, dio inicio la saga que lleva hasta hoy su nombre. Eso sí, transformada ya en una respetable corporación del automóvil:
El reciente modelo del año 2009 fue conducido por Hamilton y Kovalainen Pilotos probadores: Pedro Martínez de la Rosa y Gary Paffett
Sus timones para 2010, estarán en manos de Lewis Hamilton y Jenson Button.
El tema central de esta “entrada” sería hablar del segundo de entre los mitos en la categoría que nos ocupa...
¿Por qué razón McLaren no ha de ser el primero?
La respuesta está en la llana circunstancia de que llegó antes la Ferrari. Pero de que su posición es justa, lo dice la importancia que alcanzó al terminar apenas la década de los años ochenta.
Ya para entonces, habían desfilado bajo su nómina corredores de la importancia de campeones como: Niki Lauda, Emerson Fittipaldi o Keke Rosberg. Años más tarde coronó a Mika Hakkinen.
El más reciente de sus campeones ha sido Hamilton. Su fuerza mítica se acendró, cuando tuvo en sus filas al mismo tiempo a dos grandes majestades de la velocidad y, a uno de ellos, el monstruo de la perfección tanto al conducir como en la cosa del carisma: era Ayrton Senna, acompañado de un implacable Alain Prost.
En aquella campaña anual de 1988 tan singular, si no ganaron entre ellos todas las carreras disputadas, lo fue por alguna minucia que habrá ocurrido, pero ni quien dudara entonces de que estaban bien dotados para así hacerlo.
Desde esos días llenos de fascinación y apasionadas disputas por cada laurel, en que compartieron butacas los dos pilotos -inmejorables en su tiempo- bajo el mando sabio de Dennis: no había alguien que se refiriera a McLaren sino con el sombrero en la mano. Se había convertido ya en una escudería capaz de cualquier proeza. Un mito del deporte... La lección de seguro se ha aprendido. Así queda demostrado al animarse con la dupla que manejará sus coches este año que se aproxima.
Se trata de dos campeones sedientos de gloria y en este caso, con la agravante de ser ambos ingleses. Será cosa de gordo aliento ver si es capaz de volver por sus fueros la empresa de carreras McLaren...
Los años cuando fueron casi invencibles tienen que ver con aquellos del decenio de 1980, en que la gestión singular de Ron Dennis comenzaba.
Fue sin duda una era de rompimiento de los esquemas, porque a partir de entonces se dio el inicio del manejo de las escuderías como si fueran un complejo corporativo de grandes empresas. Todo estudiado y ensayado al milímetro, en especial las finanzas, la publicidad, la administración y el balance calificado de la productividad sustentada en la más grande imagen.
Y por supuesto, las utilidades y los salarios aspaventosos.
Los más grandes días se vivieron cuando John Barnard estuvo a cargo de la ingeniería y, por aquellos en los que las piezas del coche cambiaron (en especial el fondo plano, que hasta antes se llamó chassis) para no volver a ser jamás las mismas. La fibra de carbón y sus derivados voltearon la tortilla tecnológica y a la competición.
La electrónica llegó para establecerse en definitiva. Ya no más, se trataba de descansar sólamente en la potencia del motor. Ahora sí, la aerodinámica quedaba ubicada en la prioridad de prioridades: para sobre ella definir hasta la presión de los neumáticos.
Todo resultó dable de verificar con la magia de la telemetría. La eficacia de los conductores sujeta a una ley inconmovible, en cada curva y en cada aceleración, a las variables de los tiempos y movimientos.
Las plantas de poder de TAG Porsche y luego las de Honda, disfrutaron hasta la saciedad la perfección de los nuevos vehículos de carrera.
Los años en que se coronaban ya fuera Prost o Senna liderados por R.D. como monarcas del orbe y en que se dominaba de tal suerte esa época por la McLaren -en la cual apenas dos campeonatos de interrupción conseguidos por Williams evitaron que la diez campañas fueran en rojo encendido y fosforescente combinado con el blanco- eran los días del auspicio por parte de los cigarrillos Marlboro. Que tiempos aquellos señor don Simón…
Semblanza mínima de McLaren
