
Regulado oficialmente desde 1950 este deporte de reyes ya llegará a sus 859 carreras el próximo 18 de marzo en Melbourne, Australia. A la colección de Grandes Premios se han inscrito, cuando menos, 959 corredores de quienes existe registro palpable.
102 de ellos con alguna victoria en su cuenta
348 que obtuvieron algún punto
648 que han abortado alguna de las carreras habidas
733 que tomaron la largada al menos en un GP
Y, 226 que siquiera están registrados para participar, si bien por angas o por mangas no tuvieron la fortuna de realizar una arrancada.
Profesión de alto riesgo que se vive mediante un trajín azaroso y que no obstante, es el anhelo, el sueño guajiro, de una cantidad impresionante de muchachos por el mundo. Se trata de una actividad muy distinguida por que, per sé, es excitante. También debido a que acarrea la fama y la admiración. Y normalmente, conlleva la fortuna.
El perfil de los pilotos ha mudado al paso de las décadas. Al principio, eran corredores no tan bisoños, por ejemplo, el pentacampeón argentino Juan Manuel Fangio jugó su primer Grand Prix con 39 años. En la otra mano, Jaime Alguersuari debutó en Hungría 2009 cumplidos los 19 años y 4 meses.
Sucedió también que hace años llegaban a la Fórmula Uno corredores que eran mecánicos o al menos, estaban muy cerca de los grandes ases de la cándida tecnología de entonces. El más distinguido puede haber sido Bruce McLaren.
Montecarlo. El glamour. Los grandes romances
No tardó la F1 en hacer su llamado a los playboys y desde luego a los niños ricos. Tal vez de los más notables fueron el Príncipe Bira de Tailandia o quizás Peter Revson, hijo del dueño de la empresa de cosméticos americana Revlon.
Si se tratara de buscar rasgos sobresalientes de cada cariz de los pilotos que ha habido en el caleidoscopio de la Fórmula non plus del automovilismo, sería un recuento sin fin. Sin embargo donde se quiere ir, es a apuntar que en estos tiempos no cualquiera será corredor en esta categoría. Y menos aún, triunfador.
Las exigencias más básicas son: cualidades naturales para la conducción; una hoja de servicios extraordinaria dentro de las categorías previas; destreza probada para manejar las computadoras a bordo; un mínimo de habilidad parala gestión yla flexibilidad para entenderse con el equipo de técnicos y auxiliarestan numeroso de cada equipo; pero sobre todo, el apoyo generoso de sus patrocinadores.
Atributos nada fáciles de reunir, ya que demandan una entrega de tiempo completo, iniciada desde cuando eran niños, y que exige, estar acompañada de un mínimo de carisma. En especial, una condición física, como si se tratara de prepararse para atleta de los juegos olímpicos y que haya sido custodiada por la más adecuada nutrición y enseñanzas básicas para entenderse con el oficio.
Los jóvenes pilotos que no se compenetran de maravilla con la geometría, los números, la electrónica, la cibernética y la comunicación –por enumerar el mínimo de las ciencias o meta ciencias influyentes– tienen los días contados en El Circus.
Y aquellos que ya están un poco pasados de años, quedarán siempre a un tris de ser desplazados sin recibir muchas explicaciones. No importan los lauros a cuestas.
La disciplina deportiva, lo arduo de la competición, el negocio en sí: son de lo más exigente para contar sólo con los más aptos. Darwinismo puro...
Se requiere, se demandan corredores: rápidos, valientes, cuidadosos, simpáticos, con gran fuerza de concentración y más que decididos a buscar y, luego a alcanzar la victoria del modo en que se pueda. Los demás son material de desecho...
Este deporte, entrega a cambio de hacer coincidir todas las cualidades: mucha fama, carretadas de dinero y ponerlos en la plataforma de lanzamiento para que encuentren la dicha para siempre jamás. Sólo falta cuajar las cosas para que sea cierta tanta belleza.
No es un asunto común y corriente para el resto de los mortales. Es más bien un tema para los iconos, para los héroes de hoy; los cuales están sometidos al escrutinio de siete mil millones de personas por el globo y no tan sólo a un puñado de espartanos o de la escasa gente de Tebas que era donde se hacía a los paradigmas de hace miles de años.
Son nada más 24 los lebreles selectos y una cuarta parte de ellos, ya han sido campeones mundiales. A sacar las cuentas.
