Hasta en la hoja parroquial nos vamos a topar con el tema del accidente de Robert Kubica, de manera que más detalles al respecto, salen sobrando. Se los conoce.
Hay dos líneas por las cuales abordar el tema: la imprudencia, o la vitalidad que marcha por donde quiere.
Un viejo refrán chino nos lo decía: si se va a hacer un viaje largo, evitemos uno corto previamente. Si Kubica estaba tan envuelto en la Fórmula Uno ¿para qué tomar parte en los rallies? ¿Necesidad de más ingresos? ¿Mayor publicidad? ¿O cuál otra razón de peso lo impulsó? Habrá pues, más de un criterio que asegurará que no tenía nada qué hacer en Italia el fin de semana pasado. Es válido pensar así.
La otra cara de la moneda es la siguiente, y quien haya conocido a un tipo como Kubica. Un tipazo. La va a entender…
…Robert ha sido el más solidario, el más simpático y menos apremiante de los pilotos de los tiempos recientes. Uno especial, porque le encanta correr y lo hace de maravilla. Es competente por excelencia y si no ha ganado más lauros, es porque aún no se subió todavía a un coche más a su medida. Trabaja en la Fórmula Uno, porque está hecho para eso en cuerpo y alma.
Le gusta tomar riesgos. Por supuesto. Toda su vida desde casi niño hasta ser adulto, la ha pasado en el riesgo máximo. Basta acordarse de su accidente en el Sauber-BMW en Montreal de hace unas cuantas temporadas; salió ileso, mientras que el coche se deshizo. Y él, por supuesto que volvió como si nada a lo mismo. A correr y a tratar de ganarles a todos. Ese es su medio profesional.
Kubica tiene otra cualidad, es ligero. Se lo identifica muy bien porque es bromista; hasta en los momentos en que pasa por dificultades se ríe a la primera. De manera que si le gusta el riesgo y ese es su oficio, pero además, es juguetón para vivir la vida ¿por qué no competir en un rally, por Dios?
Claro que lo iba a hacer, tal y como lo han hecho tantos de los grandes pilotos que se suben en todo lo que anda de prisa. Sencillamente, el sábado pasó por una situación desfavorable.
Igual nos pasa a todos, todos los días. La vida en sí, es un incidente.
Hay que quedarse en casa o hay que salir, cada quién a su riesgo.
Lo único que pedimos para Robert Kubica en este lapso, es que tenga la buena fortuna de sanar y que sane lo más pronto que se pueda.
Si la suerte quiere lo volveremos a ver en las pistas de Fórmula Uno, tal vez ya en el año 2012. Si no, él va a encontrar la manera de cómo seguir tomando riesgos y viviendo la vida como si tal cosa, ya lo veremos.
En cualquiera de los casos: se le admira y se le agradece.
Ángelo della Corsa |